domingo, 24 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
fake
He encontrado la biografía sobre Tina Modotti de la que habla el articulista:
Es la noche del 10 de enero de 1929. Faltan pocos minutos para las diez. El corazón de la capital mexicana está desierto. Sobre el inmenso espacio vial del Paseo de la Reforma desfilan, silenciosos, ocasionalmente los autos. Algún peatón friolento, algún borracho tardío que enfila hacia una cantina cerrada.
Un grupo de perros callejeros atraviesa la calle Abraham Gonzáles , indagan por la luz que se filtra de la panadería. Hurgan en una acumulación de basura en el cruce con Morelos. El líder de la pequeña manada se queda inmóvil. Husmea el viento seco, gélido. Escruta hacia el fondo de la calle, ve a tres figuras que avanzan en la oscuridad. Un gesto imperceptible y los otros cinco animales se mueven a un lado de los desperdicios, al abrigo de la luz hostil de los faroles. Dos muchachos salen de un portón, recogen algunos pedruscos y los lanzan riendo, pero los perros ya están bastante lejos. Luego los jóvenes regresan para sentarse sobre el vano de la puerta, esperando que la noche les ofrezca una excusa para huir de la miserable casa al fondo del callejón.
Dos hombres y una mujer. Un joven alto, atlético, de paso seguro. El otro un poco más bajo, huidizo, la cara oculta bajo un sombrero de fieltro de ala ancha. Discuten, se insultan. La mujer es pequeña, grácil, pálida y de mirada melancólica. Los dos muchachos la evalúan, intercambian una mirada cómplice. “Tá guapísima”, murmura el más grande, fingiendo un tono de experto. Si, piensa el otro, muy bella. Debe de ser extranjera. También los dos hombres, o quizá no. Quizá el que lleva el sombrero es mexicano. Por un momento la luz del farol muestra las patillas negras, los ojos oscuros.
El panadero se limpia el sudor, da algunos pasos hacia la puerta. Respira profundamente el aire limpio, fresco. Cuando está por girar, algo atrae su atención: una discusión tensa, y las tres figuras juntas en el centro de la calle.
Algunas palabras cargadas de ira, imposible entenderlas por el viento que súbitamente las dispersa. El hombre del sombrero negro se lleva una mano a la cintura. El otro se protege con un gesto instintivo, pero da la impresión de que la incredulidad lo bloquea. Un disparo, el resplandor deslumbra en la oscuridad. El joven alto se contrae, vacila, pero el cuerpo musculoso le permite mantenerse en pie, le da fuerzas para lanzarse hacia la pared de las casas, buscando un resguardo inexistente. Segundo disparo. Cae de rodillas, se vuelve a levantar, camina dando traspiés algunos metros. Luego parece aflojar, los brazos abiertos esperando encontrar un apoyo en el vacío.
La mujer permanece inmóvil bajo la luz del farol, petrificada, con una expresión de aterrado estupor. Esos pocos segundos transcurren interminables, eternos. Sólo entonces, cuando ve al joven caer sobre el pavimento, la mano apretándose el pecho, siente fluir de nuevo la sangre y da un primer paso incierto, temblorosa. Mira alrededor con gesto frenético. El hombre del sombrero ha desaparecido. Ella corre hacia delante, se lanza de rodillas, sostiene el rostro de su compañero, lo acaricia, le coge esa mano ensangrentada que continúa buscando un apoyo para levantarse.
“Tina… me muero, Tina…”
La mujer lo besa en los labios, en la frente, pasa los dedos por su cabello grueso, rizado. Ve cómo sus lágrimas caen sobre el hombre, dice con voz sofocada:
“No, Julio… eres demasiado joven… no puedes morir así…”
Y joder, ya no puedo seguir traduciendo, demasiado empalagoso esto, se me van a pegotear las manos y voy a ensuciar el teclado del ordenador de la embajada.
jueves, 19 de mayo de 2011
Texto provisional para una exposicion de fotografia
Viajar es, de alguna manera, vivir otra vida durante un breve periodo; una vida nueva, frágil, casi siempre demasiado corta; en realidad, cosas que podríamos decir de la vida corriente, sólo que de una forma acentuada, más notoria.
Los viajes dejan casi siempre dos impresiones contrarias que dibujan una paradoja: por un lado, la sensación de que el tiempo pasa rápidamente, como un vídeo puesto a velocidad 4 u 8 X; pero, también, la acumulación de experiencias hace creer a nuestra memoria que un día de viaje ocupa una semana de vida normal, y una semana en movimiento equivale a dos meses de cotidianidad.
Hay lugares que favorecen esta paradoja, Ecuador es uno de ellos; un país relativamente pequeño donde se solapan los escenarios de una forma extraña, casi onírica: en seis horas se atraviesa por tierra la cordillera de los Andes, y el escenario de alta montaña se convierte en selva tropical. En Quito, es posible salir de un hotel con mobiliario posmoderno para entrar a un amplio espacio de arquitectura colonial ocupado por gente que ejerce oficios normales… hace setenta años: limpiabotas, saltimbanquis, vendedores de helados de hielo. El mestizaje humano, prueba de una historia compleja, y la enorme cordillera andina que separa a la selva del mar explican parcialmente esta riqueza.
Ecuador es una superposición de capas de historia y de estilos arquitectónicos; de formas de vida y de tipos humanos; un universo al mismo tiempo abierto y cerrado, detenido en la historia pero también en crecimiento y progreso; la variedad afecta tanto al espacio material y simbólico ocupado por los seres humanos, como al paisaje natural y la diversidad de la vida. Ecuador es un shock de experiencias nutritivo, estimulante, tremendamente didáctico, destinado a fijarse en la memoria como una vida breve pero intensa, muy útil para sentir que, así, vivir es un ejercicio siempre justificado.
Este proyecto fotográfico busca recoger, en imágenes, la diversidad de lugares y de experiencias que llenaron los ocho días de movimiento continuo entre Quito, los Andes y el Amazonas de Ecuador.
lunes, 2 de mayo de 2011
fake
El articulista continúa, y complica todavía más el asunto: “Otra persona, cuya vida es parte de la historia del comunismo en Italia, pero no quiere involucrarse en esta polémica desgarradora, me contó que una vez, discutiendo con Vidali en Trieste, éste le dijo: "No fui yo personalmente, pero claro que a Mella lo liquidamos nosotros. Era un irresponsable, estaba quebrando la unidad del partido y la unidad sindical". Claro que aquí tenemos el derecho a no creerle al propio asesino; o al presunto asesino, más bien.
Según el articulista Vidali es enviado a México para limpiar al partido comunista de las influencias trostkistas (en esto coincide con Marnhan). Afirma que Mella no era un abierto partidario de Trostky, pero su deseo de atacar por su cuenta al régimen cubano iba contra los intereses del estalinismo. Según el articulista, en esta época, para no desafiar a los Estados Unidos, los partidos comunistas “trabajan para impedir sublevaciones armadas en sus respectivas áreas de influencia.” Aparentemente, Mella tenía antecedentes de “desviacionismo” ideológico. La llegada de Mella a México parece coincidir con una crisis interna grave en el Partido Comunista. Había roto el ala radical, donde ejercían los muralistas, pero no Rivera, enfrentados a los dirigentes del partido que buscaban una alianza con el presidente Calles (quien comenzó su gobierno haciendo alardes revolucionarios, pero sobre el contexto volveré después). Parece ser que, en el medio de la confusión, Mella se alía a Rivera para enfrentar al Comintern y al mismo Stalin, y entre los dos consiguen crear una organización de obreros y campesinos no adscritos al sindicato dominado por el gobierno de Calles. Según el artículo, en septiembre de 1928 varios dirigentes, entre ellos Guerrero (el compañero de Tina Modotti) y Vidali, piden la expulsión de Mella (un ataque indirecto contra Rivera, a quien no tocan, probablemente por su prestigio internacional). La expulsión no tiene lugar pero, al parecer, Mella es destituido del Comité Central y queda aislado; le prohíben organizar la expedición cubana pero él lo hace de manera oculta e independiente. Para el articulista, Mella no era una amenaza verdadera para el gobierno cubano de Gerardo Machado, y en cambio, en una reunión, Vidali pierde el control y le grita a Mella: “No lo olvides nunca: de la Internacional se sale de dos maneras, ¡o expulsado, o muerto!”. Para mí esta frase no es una amenaza de muerte, para el articulista parece que sí.
De Tina Modotti el articulista dice: “Nunca sabremos si Tina estaba enterada de esto o si lo descubrió después, mucho después. Podemos entender por qué rechazó la versión de los tres testigos, declarando que los disparos llegaron desde la oscuridad: la justicia mexicana, la policía y los jueces eran el "enemigo", había que defender el ideal, la causa suprema, el Partido.” Y aquí me pierdo, ¿qué es lo que Tina no sabía, que el asesino de Mella era Vidali? ¿No caminaban los tres juntos cuando éste le disparó? ¿O lo que no sabía es que Vidali había amenazado de muerte a Mella? Más adelante parece que Tina Modotti dice de Vidali: “No es más que un asesino, y me arrastró a un crimen monstruoso. Lo odio con toda mi alma. Pero estoy obligada a seguirlo hasta el final. Hasta la muerte". Lo que podría dar una idea de la existencia de alguna situación que le impidió denunciar a Vidali como asesino de Mella, y que le llevó a aceptar la compañía del italiano al ser expulsada de México, si este dato es real.
De la muerte de Modotti el articulista dice: “se produjo en un taxi la noche del 5 de enero de 1942, por "congestión visceral generalizada", como reza el acta de defunción, y no por un "ataque del corazón" como siempre dijo Vidali. La "congestión" sirvió a la prensa para anunciar en primera plana: "Envenenada Tina Modotti, típica eliminación estalinista". En la hemeroteca de la UNAM esos diarios están disponibles, pero nunca sabremos cómo realmente murió Tina.” Quizá le pida a la estudiante mexicana que busque estos diarios.
En resumen, aunque el artículo algunas veces es confuso y es evidente su intención de atacar a Vittorio Vidali, cumple su objetivo de despertar escepticismo sobre la versión oficial de la muerte de Mella.
Tenemos, entonces, al villano, al héroe, y a la femme fatale; el escenario, el drama, el crimen. Está todo perfecto para escribir la historia, pero hay algo que me interesa más: ¿cuál es el papel de Diego Rivera? , ¿por qué se esfuerza tanto en montar frente a los tribunales una versión de los hechos que favorece a su enemigo, que deja impune al asesino de quien, se supone, es su aliado y amigo?, ¿cuál fue la naturaleza de la relación entre Rivera y Mella?
jueves, 14 de abril de 2011
fake
He encontrado una web de una fundación dedicada a un intelectual de izquierda, desaparecido durante el franquismo, que tiene información útil: “Julio Antonio Mella fue asesinado la noche del 10 de enero de 1929 en la esquina de Abraham González con Morelos, de dos tiros de revólver 38: la primera bala atravesó el codo izquierdo y el intestino, la segunda perforó un pulmón”. Abro un paréntesis.
Mitos: MUERTE DE VERSACE
En el número 1116 de la avenida Art Decó, en Miami, el diseñador Gianni Versace fue muerto cuando se disponía a entrar en su vivienda.
El asesino disparó dos veces a sangre fría sobre el modisto. Las balas fracturaron la hipófisis mastoidea del temporal derecho, hundiéndose a continuación en la masa cerebral. En su trayectoria, los proyectiles desgarraron una parte de la corteza auditiva del gigante de la moda; causaron graves daños en el área somatosensorial, atravesaron la corteza primaria, y acabaron alojadas junto al parietal izquierdo, después de dejar sin vida a la celebridad.
Al momento de morir Versace lucía una camiseta manga corta de algodón negro (precio aconsejado 108 €); pantalones de línea clásica (tallas del 50 al 54); botines de cuero (ref. vermsho-dsu3224-dubmc-d41ebY-neropelle), y ropa interior de material sintético (consulte el catálogo en www.versace.com).
Cierro el paréntesis y continúo. Según el juez del caso la declaración de Tina Modotti presentaba varias contradicciones; la más llamativa: que los disparos fueron hechos desde un vehículo en movimiento mientras ella iba cogida del brazo izquierdo de Mella; resulta que la primera bala lo hirió, precisamente, en ese brazo, cuando trataba de escapar. El hecho de que Mella se encontrara en movimiento cuando recibió los disparos también descarta el ataque por sorpresa que propone Modotti en sus declaraciones. Por otra parte, hay tres testigos, un hombre y dos adolescentes, que declararon haber visto a Mella y a Modotti caminando junto a una tercera persona que, en medio de una discusión acalorada, sacó un arma y disparó. Según el artículo, el asesinato de Mella se mantuvo como noticia de actualidad en la prensa de México D. F. durante varias semanas; el misterio alrededor del asesino fue el ingrediente principal de la popularidad del caso. El redactor continúa diciendo que en 1986 habló con un antiguo comunista que tenía la máscara mortuoria de Mella, a quien había conocido en 1928. Un muchacho alto, fornido, entusiasta, dice de él. Por esa época, según el antiguo comunista, Mella fundó, efectivamente, una revista trostkista llamada Tren Blindado, un desafío directo al Partido Comunista Mexicano, que era estalinista o estaba tratando de serlo. En una fotografía que hizo Tina Modotti el rodillo de la máquina de escribir de Mella apresa un papel con una frase de Trotsky sobre la función revolucionaria del arte. El narrador dice haberle preguntado varias veces a un tío suyo por el asesino de Mella, y éste, después de evitar la respuesta durante años, terminó acusando a Sormenti (así conocía a Vittorio Vidali). Y aquí viene la frase más interesante del artículo: “Años después, hablé del asunto con Diego Rivera, y me dijo: Todos sabemos que fue Vidali, ya nadie puede tener dudas al respecto”.
¿Cuántos años después fue esa conversación? ¿Antes, o después del libro de Gladis March? En el prólogo, le periodista dice que las primeras entrevistas las realizó en 1944, pero que no acabó de montar el libro hasta 1957, poco antes de la muerte del muralista. March explica su metodología, pero no dice nada de la cronología de los capítulos. En todo caso, si Rivera tuvo acceso a la versión final del libro, o a una de ellas, habrá leído el capítulo dedicado a Mella y habrá notado el “error”. Es decir, todo hace pensar que en su autobiografía Rivera prefirió no revolver el asunto de la identidad del asesino de Mella, pero, ¿por qué?; y, ¿por qué sí lo hizo en una conversación? (si el testimonio del entrevistado del articulista es cierto).
martes, 5 de abril de 2011
fake
La única persona de Ciudad de México que estaba al corriente del viaje de Mella a Veracruz para organizar la invasión de Cuba era Modotti. Poco después de la partida de Mella, Modotti le confesó la verdad sobre su relación con Mella a Vittorio Vidali. Al poco tiempo, el Comité Central, y posteriormente el gobierno cubano, se enteraron de los planes secretos de Mella. En los últimos meses de 1928 circulaban por Ciudad de México rumores, que fueron extendidos por agentes anónimos del Partido Comunista Mexicano, de que el general Machado quería asesinar a Mella. La noche del asesinato, Mella tuvo una reunión con otro exiliado cubano llamado José Magriña, que “quería prevenirle de la llegada de agentes del gobierno de Cuba a Ciudad de México”. Mas adelante Magriña fue acusado de organizar aquel encuentro para que resultara más fácil seguir a Mella. Veinte minutos después de separarse de Magriña, dispararon a Mella en la calle, delante del apartamento que compartía con Tina Modotti. Aquella misma noche Mella había asistido a una reunión con Vidali. El pistolero que mató a Mella sólo disparó dos veces, a quemarropa. Pese a lo oscura que estaba la calle, Modotti, que caminaba cogida del brazo de Mella, resultó ilesa. En un primer momento la policía mexicana, siguiendo una línea de investigación poco convincente, intentó hacer recaer las sospechas en Modotti, “una mujer sexualmente promiscua”, que habría sido cómplice del crimen. Después intervino el gobierno mexicano, retiró del caso a los primeros investigadores policiales y detuvo a Magriña que, tras ser interrogado, fue puesto en libertad y no se produjeron más detenciones.
Los amigos de Mella, guiados por la investigación de Diego Rivera, llegaron a la conclusión de que agentes del gobierno cubano que trabajaban con la ayuda de la policía mexicana habían cometido el asesinato. Pero ninguno de los comunistas mexicanos conocía la identidad ni las atribuciones de Enea Sormenti. Además, a la vista de la posterior fama de Vidali como asesino estalinista, especializado en disparar a sus víctimas en la nuca, parece del todo posible que Julio Antonio Mella fuera asesinado el 12 de enero de 1929, en la calle, delante del apartamento de Tina Modotti, no por agentes cubanos, sino por su camarada Vittorio Vidali.
Lo que sí es cierto es que pasados doce meses desde la muerte de Mella, Tina Modotti, que en aquel momento era una de las más famosas expatriadas comunistas de México, fue detenida y deportada, y que Vittorio Vidali, utilizando hábilmente sus identidades falsas, fue el único comunista extranjero que escapó de la operación de captura organizada por la policía mexicana. Se coló en el mismo barco que Modotti y la acompañó a Europa, donde con su ayuda Tina evitó al gobierno italiano que quería detenerla. Primero fueron a Berlín y después a Moscú, donde vivieron juntos.”
Vaya historia, un guión perfecto para cine negro. Pero hay algunas cosas que me quedan sueltas. La primera, ¿cómo es que Tina Modotti no supo que Vidali era el asesino de su amante, si disparó frente a ella? ¿O es que, sabiéndolo, no dijo nada? La segunda, nombre propio y alias de Vidali se confunden en el texto, tengo que ver la edición original en inglés, aunque en realidad esto no es importante. La tercera, si el propio Partido Comunista Mexicano preparó el asesinato de Mella haciendo correr el rumor de que lo estaban buscando matones del gobierno cubano, y si Rivera hizo todo lo posible y movió todas sus influencias para que se aceptara esta hipótesis, ¿qué sabía, en realidad, Rivera, sobre el asesinato de Mella?
Tengo que revisar en el libro de los murales completos de Rivera el trabajo de la Secretaría de Educación, encontrar el trío de cabezas de Modotti, Mella y Vidali. Tengo que averiguar, también, más sobre el asesinato de Mella. Tengo que preguntarle a la estudiante mexicana qué materiales tiene y cómo los ha conseguido.
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