jueves, 14 de abril de 2011

fake

He encontrado una web de una fundación dedicada a un intelectual de izquierda, desaparecido durante el franquismo, que tiene información útil: “Julio Antonio Mella fue asesinado la noche del 10 de enero de 1929 en la esquina de Abraham González con Morelos, de dos tiros de revólver 38: la primera bala atravesó el codo izquierdo y el intestino, la segunda perforó un pulmón”. Abro un paréntesis.

Mitos: MUERTE DE VERSACE

En el número 1116 de la avenida Art Decó, en Miami, el diseñador Gianni Versace fue muerto cuando se disponía a entrar en su vivienda.
El asesino disparó dos veces a sangre fría sobre el modisto. Las balas fracturaron la hipófisis mastoidea del temporal derecho, hundiéndose a continuación en la masa cerebral. En su trayectoria, los proyectiles desgarraron una parte de la corteza auditiva del gigante de la moda; causaron graves daños en el área somatosensorial, atravesaron la corteza primaria, y acabaron alojadas junto al parietal izquierdo, después de dejar sin vida a la celebridad.
Al momento de morir Versace lucía una camiseta manga corta de algodón negro (precio aconsejado 108 €); pantalones de línea clásica (tallas del 50 al 54); botines de cuero (ref. vermsho-dsu3224-dubmc-d41ebY-neropelle), y ropa interior de material sintético (consulte el catálogo en www.versace.com).

Cierro el paréntesis y continúo. Según el juez del caso la declaración de Tina Modotti presentaba varias contradicciones; la más llamativa: que los disparos fueron hechos desde un vehículo en movimiento mientras ella iba cogida del brazo izquierdo de Mella; resulta que la primera bala lo hirió, precisamente, en ese brazo, cuando trataba de escapar. El hecho de que Mella se encontrara en movimiento cuando recibió los disparos también descarta el ataque por sorpresa que propone Modotti en sus declaraciones. Por otra parte, hay tres testigos, un hombre y dos adolescentes, que declararon haber visto a Mella y a Modotti caminando junto a una tercera persona que, en medio de una discusión acalorada, sacó un arma y disparó.  Según el artículo, el asesinato de Mella se mantuvo como noticia de actualidad en la prensa de México D. F. durante varias semanas; el misterio alrededor del asesino fue el ingrediente principal de la popularidad del caso. El redactor continúa diciendo que en 1986 habló con un antiguo comunista que tenía la máscara mortuoria de Mella, a quien había conocido en 1928. Un muchacho alto, fornido, entusiasta, dice de él. Por esa época, según el antiguo comunista, Mella fundó, efectivamente, una revista trostkista llamada Tren Blindado, un desafío directo al Partido Comunista Mexicano, que era estalinista o estaba tratando de serlo. En una fotografía que hizo Tina Modotti el rodillo de la máquina de escribir de Mella apresa un papel con una frase de Trotsky sobre la función revolucionaria del arte. El narrador dice haberle preguntado varias veces a un tío suyo por el asesino de Mella, y éste, después de evitar la respuesta durante años, terminó acusando a Sormenti (así conocía a Vittorio Vidali). Y aquí viene la frase más interesante del artículo: “Años después, hablé del asunto con Diego Rivera, y me dijo: Todos sabemos que fue Vidali, ya nadie puede tener dudas al respecto”.
¿Cuántos años después fue esa conversación? ¿Antes, o después del libro de Gladis March? En el prólogo, le periodista dice que las primeras entrevistas las realizó en 1944, pero que no acabó de montar el libro hasta 1957, poco antes de la muerte del muralista. March explica su metodología, pero no dice nada de la cronología de los capítulos. En todo caso, si Rivera tuvo acceso a la versión final del libro, o a una de ellas, habrá leído el capítulo dedicado a Mella y habrá notado el “error”. Es decir, todo hace pensar que en su autobiografía Rivera prefirió no revolver el asunto de la identidad del asesino de Mella, pero, ¿por qué?; y, ¿por qué sí lo hizo en una conversación? (si el testimonio del entrevistado del articulista es cierto).

martes, 5 de abril de 2011

quito




fake

La única persona de Ciudad de México que estaba al corriente del viaje de Mella a Veracruz para organizar la invasión de Cuba era Modotti. Poco después de la partida de Mella, Modotti le confesó la verdad sobre su relación con Mella a Vittorio Vidali. Al poco tiempo, el Comité Central, y posteriormente el gobierno cubano, se enteraron de los planes secretos de Mella. En los últimos meses de 1928 circulaban por Ciudad de México rumores, que fueron extendidos por agentes anónimos del Partido Comunista Mexicano, de que el general Machado quería asesinar a Mella. La noche del asesinato, Mella tuvo una reunión con otro exiliado cubano llamado José Magriña, que “quería prevenirle de la llegada de agentes del gobierno de Cuba a Ciudad de México”. Mas adelante Magriña fue acusado de organizar aquel encuentro para que resultara más fácil seguir a Mella. Veinte minutos después de separarse de Magriña, dispararon a Mella en la calle, delante del apartamento que compartía con Tina Modotti. Aquella misma noche Mella había asistido a una reunión con Vidali. El pistolero que mató a Mella sólo disparó dos veces, a quemarropa. Pese a lo oscura que estaba la calle, Modotti, que caminaba cogida del brazo de Mella, resultó ilesa. En un primer momento la policía mexicana, siguiendo una línea de investigación poco convincente, intentó hacer recaer las sospechas en Modotti, “una mujer sexualmente promiscua”, que habría sido cómplice del crimen. Después intervino el gobierno mexicano, retiró del caso a los primeros investigadores policiales y detuvo a Magriña que, tras ser interrogado, fue puesto en libertad y no se produjeron más detenciones.
Los amigos de Mella, guiados por la investigación de Diego Rivera, llegaron a la conclusión de que agentes del gobierno cubano que trabajaban con la ayuda de la policía mexicana habían cometido el asesinato. Pero ninguno de los comunistas mexicanos conocía la identidad ni las atribuciones de Enea Sormenti. Además, a la vista de la posterior fama de Vidali como asesino estalinista, especializado en disparar a sus víctimas en la nuca, parece del todo posible que Julio Antonio Mella fuera asesinado el 12 de enero de 1929, en la calle, delante del apartamento de Tina Modotti, no por agentes cubanos, sino por su camarada Vittorio Vidali.
Lo que sí es cierto es que pasados doce meses desde la muerte de Mella, Tina Modotti, que en aquel momento era una de las más famosas expatriadas comunistas de México, fue detenida y deportada, y que Vittorio Vidali, utilizando hábilmente sus identidades falsas, fue el único comunista extranjero que escapó de la operación de captura organizada por la policía mexicana. Se coló en el mismo barco que Modotti y la acompañó a Europa, donde con su ayuda Tina evitó al gobierno italiano que quería detenerla. Primero fueron a Berlín y después a Moscú, donde vivieron juntos.”

Vaya historia, un guión perfecto para cine negro. Pero hay algunas cosas que me quedan sueltas. La primera, ¿cómo es que Tina Modotti no supo que Vidali era el asesino de su amante, si disparó frente a ella? ¿O es que, sabiéndolo, no dijo nada? La segunda, nombre propio y alias de Vidali se confunden en el texto, tengo que ver la edición original en inglés, aunque en realidad esto no es importante. La tercera, si el propio Partido Comunista Mexicano preparó el asesinato de Mella haciendo correr el rumor de que lo estaban buscando matones del gobierno cubano, y si Rivera hizo todo lo posible y movió todas sus influencias para que se aceptara esta hipótesis, ¿qué sabía, en realidad, Rivera, sobre el asesinato de Mella?
Tengo que revisar en el libro de los murales completos de Rivera el trabajo de la Secretaría de Educación, encontrar el trío de cabezas de Modotti, Mella y Vidali. Tengo que averiguar, también, más sobre el asesinato de Mella. Tengo que preguntarle a la estudiante mexicana qué materiales tiene y cómo los ha conseguido.