viernes, 25 de marzo de 2011

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Cuando Vidali llegó a México, Tina todavía salía con otro miembro del Comité Central, el muralista Xavier Guerrero, del que se había enamorado tras su breve relación con Rivera. En diciembre Vidali se había deshecho de Guerrero convenciendo al Comité Central de que lo enviara a Moscú a entrenarse durante tres años en la Escuela Lenin. Tina prometió ser fiel a Guerrero, pero seis meses después de su partida inició un romance secreto con Julio Antonio Mella. Vidali parecía haber vuelto a la casilla de salida, pero en 1928 siguió trabajándose a Tina, ofreciéndole ayuda a su hermano, animándola a convertirse en portavoz del partido y autorizándola a ocupar una posición pública como miembro del Partido Comunista. Durante la ausencia del discreto y prudente Guerrero, el apartamento de Tina en el edificio Zamora, en el centro de Ciudad de México, se convirtió en lo que Margaret Hook ha descrito como “un salón radical” para círculos progresistas y puerto obligado para simpatizantes que se hallaban de paso en la ciudad. Alarmado, Guerrero le escribió una carta desde Moscú, para aconsejarle que no permitiera que utilizaran su apartamento para celebrar “fiestas de borrachos”, y recordarle que los enemigos del partido la observaban atentamente, por si descubrían algún escándalo. “No hagas nada que llame la atención en tu casa”, le suplicaba. Pero con la aprobación de Vidali, las fiestas continuaron, y en mayo el agente secreto se las ingenió para que Tina lanzara un ataque público contra el gobierno de Mussolini por haber convertido Italia en “una prisión enorme y un cementerio”, un discurso con el que Tina se aseguraba que la pondrían en la lista negra de la embajada italiana. Tina apareció en varios mítines públicos acompañada de Diego Rivera, que había regresado de Moscú en el mes de junio. Por primera vez Vidali podía evaluar la influencia de Rivera en el Comité Central.

En julio de 1928 Vidali salió hacia Moscú acompañado de Rafael Carrillo, el secretario general del partido mexicano, para asistir al VI Congreso del Comintern. A su paso por Nueva York, Carrillo fue a visitar a Bertram Wolfe y le enseño unas fotografías tomadas por Tina Modotti del último panel de Rivera en la Secretaría de Educación. Se trataba de la obra Insurrección, En el arsenal o La distribución de las armas. Rivera también asistía a las soirées de Tina, donde había conocido a un joven abogado llamado Alejandro Gómez Arias, que iba acompañado de su antigua novia, Frida Kahlo, una muchacha de veintiún años. De hecho, fue en el apartamento de Tina donde Rivera encontró a los actores de Insurrección. Al examinar la reproducción, a Wolfe le sorprendió tanto la figura central de Frida, que le comentó a Carrillo: “Diego tiene chica nueva”. Pero la dramática tensión de esta obra la proporciona el grupo de cabezas de la derecha. Si Vidali había estado observando y evaluando a Rivera, el pintor tampoco había perdido el tiempo. Rivera, que era un experto seductor, intuyó el verdadero carácter de la relación entre Tina y Mella. En Insurrección aparecen juntos, mirándose fijamente a los ojos. No obstante, Rivera detectó algo más que eso. Por detrás del hombro de Mella, y también mirando fijamente a Tina, se asoman el inexpresivo rostro y el siniestro sombrero negro del hombre conocido como “Enea Sormenti”, alias Vittorio Vidali. A Tina no le gustó nada aquella intromisión de Rivera en su vida privada. Su relación con Mella era confidencial (él estaba separado de su esposa y tenía una hija; por su parte, Tina no quería que Xavier Guerrero sufriera al oír rumores de su nuevo romance). La indiscreción de Rivera volvió a Tina en contra de su antiguo amante. Ella empezó a criticar su arte, comparándolo desfavorablemente con el de Orozco. En septiembre Tina escribió a Edward Weston: “Su última obra no me gusta nada [se refería a la Secretaría de Educación]. Últimamente Diego se ha aficionado a pintar detalles con una precisión exasperante. No deja nada a la imaginación.” Estos comentarios suponen un brusco cambio comparados con la anterior admiración que Tina sentía por “el gran artista”.

También en septiembre Rafael Carrillo y Vittorio Vidali volvieron de Moscú con órdenes de poner en práctica la reorientación del Partido Comunista Mexicano. Para Vidali, el problema inmediato era Julio Antonio Mella. Éste no sólo era un personaje carismático, joven, atractivo y enérgico, sino que además era una persona poco preocupada por los convencionalismos. Había propuesto organizar una invasión de Cuba para derrocar al gobernante reaccionario general Machado. El Comité Central le ordenó que abandonara sus propósitos, pero en septiembre Mella viajó en secreto a Veracruz para iniciar los preparativos de la invasión. Finalmente hubo que abandonar el plan, pero cuando el Comité Central mexicano se enteró de lo que Mella había hecho, lo amenazó con expulsarlo del partido. Furioso, Mella presentó la dimisión, pero después la retiró. Entonces Vidali lo acusó de “trotskismo”, una acusación grave en un momento en que Stalin se preparaba para expulsar a Trotski de la URSS por “preparar una lucha armada contra el poder soviético”.

Antes de marcharse a Veracruz para cumplir su misión revolucionaria, Mella escribió a Tina y le pidió que se comprometiera con él, y ella decidió que debía aclarar la situación con Xavier Guerrero. Al mantener relaciones con dos miembros del Comité Central al mismo tiempo, Tina había cometido una grave falta y su deber era confesarla. Así que el 15 de septiembre, tres días antes de escribir a Weston para criticar la obra de Rivera, escribió a Guerrero. Tras pedirle disculpas, tenía que confesar su falta a un miembro del Comité Central. Tina eligió como confesor a su protector, Vittorio Vidali, que aconsejó al Comité Central que no sancionara a Tina, y así ella pudo vivir abiertamente con su nuevo amante. Pero desde el punto de vista de Vidali, era imperativo hacer algo con Mella. El cubano dificultaba los planes de Vidali en dos aspectos: desafiando la disciplina estalinista y monopolizando a Tina Modotti. Quien todavía dude de la versión generalmente aceptada de la muerte de Mella, debería tener en cuenta los siguientes puntos.

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