viernes, 25 de diciembre de 2009

neamours


sin titulo

La narración del itinerario del primer conquistador que pisó México corrió más aventuras que el mismo conquistador, un hombre apellidado Grijalva que, sin saberlo, le abrió la puerta a Cortés.
Aparentemente, a mediados del siglo XIX el original de las aventuras de Grijalva había desaparecido; sólo existía una traducción al toscano, llena de errores, hecha por un veneciano que tuvo el original al frente. De las dificultades para regresar el texto al castellano se lamenta un mexicano que, en 1858, publicó un libro para rescatar de la desaparición una colección heterogénea de fragmentos olvidados o inéditos, escritos en los tiempos de la conquista.
El autor del itinerario de Grijalva fue, de acuerdo con el mexicano, un cura de apellido Díaz que, según, juzgó duramente a su protagonista. Dos copias manuscritas encontró el mexicano de la traducción al toscano; en ambas, el viaje de Grijalva venía acompañado por los relatos de otros aventureros en distintos puntos oscuros del mapamundi de la época. A continuación, siempre siguiendo al mexicano, el itinerario de Grijalva entra y sale de distintas ediciones de libros de viajes hasta que, en una de esas, se abre la opción de que el original haya aparecido en un libro publicado en Sevilla a finales del siglo XVI, pero el mexicano duda que sea el texto original porque el autor parece trabajar sobre obras escritas en latín que datan de 1511, es decir, antes del asunto, y además cree que de haber existido el itinerario de Grijalva en castellano los eruditos nunca hubieran usado la traducción toscana.

martes, 15 de diciembre de 2009

estambul


sin titulo

Ya tengo en casa el material que servirá para fabricar al personaje: todos sus escritos reunidos en tres tomos, toda la pintura mural en un libro gigante, una biografía detallada y escéptica, una autobiografía autopromocional, y los textos teóricos que me servirán para la metodología en la memoria de ochenta páginas que debo redactar para cerrar un master, y que es la excusa de toda esta historia.
Ahora la pregunta es por dónde comenzar; más bien por dónde seguir, porque la autobiografía autopromocional ya la leí y el libro gigante de los murales lo llevo a medias. También avanzo el Popol Vuh traducido por Miguel Ángel Asturias y una historia de México escrita por un norteamericano más o menos en la época del fresco centro de la investigación. Entonces, ¿leo primero  la correspondencia y los artículos, o el biógrafo punzante, o la teoría? Me voy por lo más simple, comienzo todo al mismo tiempo.
Las primeras cartas me muestran a un tipo centrado e inteligente (dos de Madrid de 1910 y 1911, y otras dos de París de 1915 y 1916… en plena guerra, ¿qué hacía aquí?). La introducción del biógrafo punzante habla, sobre todo, de la celebración del Día de los Muertos en México y describe superficialmente a Guanajuato, en un tono semiliterario al estilo de los best sellers norteamericanos. El libro de teoría… no sé, no lo he abierto.
Paro, tengo que vestirme para ir a trabajar.

*

EXTERIOR. NOCHE. CALLE. AÑOS OCHENTA DEL SIGLO XIX
Fiesta de pueblo mexicano: niños, gallinas, mujeres, perros, hombres y ancianos moviéndose de un extremo a otro de la pantalla, la mayoría vestidos con sencillez, casi todos con actitud despreocupada.
En lugar del ruido de personas y animales, se escuchan llantos y lamentos.
La cámara  se aleja de la fiesta y nos damos cuenta de que era la vista desde una ventana.

INTERIOR. DORMITORIO AMPLIO DE UN CASERÓN ANTIGUO
A la izquierda de la ventana una cama donde dos mujeres amortajan a otra, comenzando por los pies. A la derecha de la ventana un hombre mira al piso mientras otro susurra frases de las que sólo se alcanza a oír palabras sueltas: “viaje”, “esferas”, “hermanos”; la ropa de ambos hombres, con chalecos y leontinas, contrasta con la de las mujeres que lloran y amortajan.
El sonido de una puerta que se abre. Aparece una mujer, vestida también sencillamente. Lleva en brazos a dos recién nacidos. Tiene los ojos llorosos.
MUJER CON NIÑOS.- Señor, ¿sus hijos pueden… --hace un gesto hacia la cama.
El hombre que mira al suelo no reacciona; su acompañante aprueba moviendo ligeramente la cabeza.
La mujer con los niños se acerca a la cama, se inclina, y grita:
MUJER CON NIÑOS.- ¡Está viva! ¡La señora está viva!
Las dos mujeres dejan  de amortajar, el hombre que miraba al suelo levanta la cabeza, el otro frunce el ceño.
MUJER CON NIÑOS.- ¡Se lo juro por la Virgencita, la señora está viva, me está oyendo!
El hombre que miraba al suelo sigue inmóvil, como en shock, el otro se acerca a la cabecera, coge una vela de la mesa de noche, la acerca a la cara de la mujer que está en la cama. Se incorpora todavía con el ceño fruncido.
HOMBRE DEL CEÑO FRUNCIDO.- Quítenle eso --señalando la mortaja.
En primer plano un pie liberado de la mortaja. Unas manos de mujer lo sostienen, unas manos de hombre encienden una cerilla. El fuego de la cerilla sobre el talón; uno, dos, tres, cuatro segundos, hasta que se apaga y vemos que se ha formado una ampolla. La cerilla cae de los dedos inmóviles.
HOMBRE DEL CEÑO FRUNCIDO.- Diego, sí, tu mujer está viva.
El hombre que miraba al suelo corre a la cabecera de la cama, gritos de agradecimiento de las mujeres que amortajaban, revuelo en el cuarto y, mientras tanto, asomada a la ventana, una niña disfrazada de Muerte (la misma que en El sueño de la Alameda), ha estado mirándolo todo y, en algún momento, da la media vuelta y se va.

domingo, 13 de diciembre de 2009

fontainebleu


sin titulo

26 rue de Depart 3 de junio 2009
20:04 h Al edificio lo desaparecieron, ahora está el centro comercial y, en lo que debió ser el sitio preciso, una vidriera de Galeries La Fayette. En la vidriera hay carteras de señoras y un par de maniquíes con vestiditos de verano.
20:09 h Un negro de traje mira con cuidado las carteras de señora.
20:10 h Tres militares que patrullan aburridos me miran a mí.
20:11 h Dos chicas pasan, una de ellas dice, señalando al suelo, "las tuyas son hiperoriginales"
20:12 h Un tipo me interrumpe comentando "buscamos un cine" (está con lo que parece un japonés); "por allá está lleno de cines", y señalo hacia el boulevard.
20:17 h Me da hambre, me voy a casa.

viernes, 11 de diciembre de 2009

zagreb

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Cuando quieres conocer a alguien lo primero que haces es intentar verle la cara. Pues eso he hecho. Llegué hasta la biblioteca del Pompidou y cogí todos los libros sobre el personaje. Sabía, porque revisé el catálogo por internet, que había uno de fotografías. En todas, excepto niño, se veía a un tipo enorme, cada vez más gordo, de ojos tristes, encorvado.  De joven, una barba debajo del mentón lo convertía en bohemio según la moda. Después la barba desapareció y sólo quedó el tipo grande de ojos y hombros caídos.
Unas líneas (las tendría que copiar) lo ridiculizan ácidamente al momento de subir al barco que lo trajo por primera vez a Europa. La víctima era el mismo autor del texto muchos años después.
En una caricatura aparece acompañado por una viejecita delante de unos dibujos como de niño; era una sátira sobre los nuevos pintores publicada en un diario de la época. Otra viñeta lo muestra junto a Picasso y varios colegas en la Rue de Gaieté.
En muchas de las fotos sin barba sale acompañado por mujeres. Entre ellas, algunos iconos sexuales. El gigante triste parece haber sabido moverse también con las mujeres.
Entonces, al pasar la página, de frente, un truco del no azar: en una foto de su estudio en París aparece la dirección “26 rue de Depart”; o sea, casi igual que yo (18 rue de l’Arrivée), pero al otro lado de la torre.

sábado, 7 de noviembre de 2009

budapest


sin titulo


PRIMERA CAPA


Extendidos sobre el suelo los cuerpos vestidos de metal o plumas. Encima de ellos un grupo de hombres con  armadura remonta a caballo el triángulo obtuso que sigue la escalera hacia la derecha. El más cercano al primer descanso es un hombre/jaguar blanco, ocupado en hundir su lanza en el coxis desprotegido de un caballero que, sobre la bestia a dos patas, parece caer hacia atrás. Abajo del relinche un hombre/papagayo saca dos hilos de sangre clavando su puñal de pedernal en la panza del animal.
Delante de este primer caballero herido avanza otro atravesando con su lanza el pecho de un hombre/leopardo que sostiene, inútil, una masa. A la izquierda del hombre/leopardo están los pies en sandalias de un hombre/pájaro azul y, junto a él, también en tierra, un hombre/mono que presenta su muerte desde la boca de su disfraz.
Tras estos dos caballeros varios arqueros semidesnudos apuntan hacia un trío de guerreros de armadura que remonta las escaleras a la izquierda del triángulo. En tierra, junto a un cuerpo caído y acorazado, un guerrero blande una espada contra un hombre/serpiente emplumada que, con su escudo y su maza, enfrenta a un guerrero de metal que lleva el rostro descubierto y un penacho de plumas. A los pies del hombre/serpiente emplumada está un hombre/lagarto y, a su lado, un guerrero de traje rojo aferra con ambas manos la lanza que le afincan en el pecho.
Algo más arriba el perfil de un arquero se prepara para disparar y, detrás, otro grupo de guerreros avanza para abrir la siguiente escena.